Las víctimas de la secta de Oia piden la intervención del Papa como ocurrió en Granada

Las víctimas de la presunta secta Orden y Mandato de San Miguel Arcángel en Oia han pedido hoy la intervención del Papa Francisco como ya hizo con el caso de abusos en Granada. Ex miembros de la agrupación, cuyo fundador fue destituído por el Obispado de Tui, han relatado hoy sus vivencias y han reclamado una actuación clara y contundente por parte de las autoridades eclesiásticas. Como ejemplo ponen la decisión del Arzobispado de Madrid de expulsar a Miguel Rosendo, el líder religioso, tras huir de Galicia a la capital y refundar su grupo con el nombre de La Voz de Serviam. Los afectados se han puesto en contacto con la nunciatura apostólica y creen que la polémica con la agrupación de Oia ha podido llegar a los oídos del Papa.

Los ex miembros de la Orden relataron hoy que confiaban ciegamente en el líder. Fernando Acuña, no dudó en decir que «nos parecía que hacía milagros porque batallaba con el diablo, creía que Miguel era un enviado de Dios».

Esa confianza ciega hizo que muchas de las víctimas, según relataron hoy de forma conjunta, le entregaran sus ingresos a Miguel Rosendo. De este modo el religioso, con una pensión de invalidez de solo 400 euros, habría logrado fondos para construir un suntuoso chalet, hoy en día a la venta, hacer una piscina climatizada, comprara cuatro coches nuevos o instalar un sistema de cámaras de vigilancia en todo el recinto, según enumeraron los afectados. Los mismos aseguran que en la actualidad está refugiado en otro chalet de lujo en Collado de Villalba y mantiene contacto con unas 30-40 personas de la organización, que decidieron seguirle.

Los afectados esperan a las decisiones judiciales que se produzcan antes de personarse como causa particular en el proceso, en el que esperan que Miguel Rosendo sea juzgado por abusos y presunta estafa. Algunas víctimas, como Joaquín García, aún tiene a su hija atrapada en el grupo: «Mi hija ya no es mi hija, es la hija de Miguel».

Según explicaron, el líder de la supuesta secta justificaba los abusos a las mujeres de la congregación (algunas de ellas conocidas como miguelianas) asegurando que su semen era como del del Arcángel San Miguel y que servía para purificarlas. Según los detalles desvelados por las víctimas y por el detective que contrataron, el hombre tenía acceso desde su habitación a la de las mujeres, a las que les explicaba que a través de su semen les llegaba el cuerpo de Cristo.

Fuente: La Voz De Galicia