Más de cien nuevos árboles comparten espacio en Priegue

Más de un centenar de árboles comparten ya el suelo el forestal de Priegue después de que catorce comuneros y dos técnicos de la Xunta de Galicia trabajasen sin descanso durante toda la mañana de ayer. En total más de cuatro horas de trabajo que ya tienen recompensa y es que las antiguas canteras de A Mamoa, que con el paso del tiempo acabaron haciendo las funciones de vertedero, en la actualidad albergan un total de 30 olivos, 57 castaños, 15 nogales y cuatro avellanos. Una nueva zona plagada de arbustos pero que con el paso del tiempo entrarán a formar parte del paisaje común gestionado por la Comunidad de Montes de Priegue. 
Pese a que lo más común es pensar que las agrupaciones de este tipo viven de la tala y venta de madera, la de Nigrán supo adaptarse a los nuevos tiempos y actualmente subsisten de los cánones que les proporcionan dos operadoras de telefonía móvil por tener sus antenas repetidoras instaladas en el suelo de su propiedad. Su presidente, Antonio Castro González, explicó a este diario que en 1981, fecha en la que cogió las riendas de la comunidad, todo era muy diferente y el monte se encontraba con mucha menos densidad arbórea debido al corte masivo de ejemplares, además el precio de la madera era mucho más alto que hoy en día. “La verdad que nos costó mucho trabajo lograr lo que tenemos”, explicó. Desde ese momento comenzaron a repoblar todo el suelo forestal pero cuando explotó la crisis económica el precio de la madera cayó en picado, motivado por los bajos niveles de construcción existentes con lo que la capacidad de autofinanciación de la entidad se vio muy afectada. “Cuando nos propusieron pagar 6.000 euros por antena al año, nuestros problemas económicos mermaron y nos reinventamos”, explicó. Así pues en vez de dedicarse a la tala de madera, los comuneros de Priegue se ocupan de velar por sus montes e intentarlo con nuevas especies como las plantadas ayer en A Mamoa.
La jornada comenzó a las 9,30 horas momento en que dieron comienzo los trabajos y mientras la pala excavadora se encargaba de hacer los agujeros,  los demás fueron llevando los nuevos ejemplares a su nuevo emplazamiento. Una vez fijados ligeramente al suelo recubrieron sus raíces con una pequeña cantidad de abono para favorecer el arranque de los arbustos. En este punto solo quedaba tapar el agujero por completo y proteger los tallos de la fuerza del viento. Para ello se valieron de cañas de bambú y cordel para atarlos a ellas. Cabe destacar que la totalidad de los vecinos que ayudaron en la repoblación del suelo nigranés no obtuvieron retribución económica alguna, incluso los técnicos de la Xunta colaboraron en sus días libres. n

Fuente: Atlántico