La flota de A Guarda cumple un mes en tierra y pierde más de 120.000 euros

El sector reclama poder trabajar los fines de semana si la climatología no cambia

«Temos que comer o pan que o demo amasou», dice Francisco Pérez. Con este dicho que ya escuchaba a su padre, el patrón mayor explica que están acostumbrados a programar los gastos desde verano. «De cada diez inviernos, hay uno decente así que pasamos la Navidad comiendo lo poco que ahorramos durante los meses de verano y otoño», sostiene.

La mayoría de las cuarenta embarcaciones de la flota de bajura están amarradas en fila fuera del agua, pero los marineros no dejan de trabajar. Siempre hay algo que hacer porque el mantenimiento de sus herramientas de trabajo es vital aún en dique seco. En las casetas revisan redes y otros limpiaban aparejos. Algunos tienen las gamelas en Camposancos para la campaña de lamprea y hay quienes tienen que ir hasta Baiona casi a diario para revisar las embarcaciones para las que no hay abrigo en su municipio.

«No tenemos ría, ni costa ni puerto de abrigo, dependemos de otros puertos como el de Baiona para poder sobrevivir», lamentan en uno de los grupos de trabajo de las casetas.

Hace tiempo que dejaron de creer los anuncios electoralistas de los distintos gobiernos de la Xunta. Ya no esperan ni un surtidor en el puerto ni un muelle de abrigo, pero reclaman, como «última posibilidad para que el sector sobreviva», que se les aplique una excepcionalidad.

«Ya que hemos tenido que asumir ser el único puerto gallego sin servicios ni ría, la Xunta debería hacer una excepcionalidad en el reglamento. Una posibilidad de que, cuando no podamos trabajar por temporal durante la semana, se nos permitiera faenar en sábado y domingo si mejora el tiempo», defienden los pescadores guardeses. De media pierden unos 200 días de trabajo al año entre los festivos, descansos programados y los forzosos por imperativo meteorológico.

Aseguran que el sector está contra las cuerdas y que no solo está en juego la sostenibilidad de la cofradía ni de sus cien marineros, por lo que apelan a la sensibilidad de la Xunta. Advierten de que está en jaque a toda la economía local, «porque del mar dependen las embarcaciones de altura, empresas de servicios, de repuestos y hasta el turismo».

«En diez años aquí no quedará nadie, la gente escapa porque esto no es rentable»

Los veteranos sostienen que «el futuro es negro». «En diez años aquí no quedará nadie, la gente escapa porque esto no es rentable», asegura Manuel Pérez. Un nutrido grupo de marineros, algunos también jubilados ya, le dan la razón. «En A Guarda, donde el 95% del sector se dedica a la pesca y al marisqueo, el futuro es inviable si no se aplica alguna excepcionalidad», remata uno de sus compañeros.

Ni las condiciones de trabajo, por falta de ría, ni las de descanso, por los costes y cargas de mantenimiento que suponen tener los barcos en otros puertos, son aplicables a otros municipios de la costa gallega.

De 1.700 a 100 socios

«Hace 50 años había 700 marineros y aún más tarde, la cofradía llegó a tener inscritos a 1.700 socios» recordaba ayer el patrón mayor. A día de hoy, indica, la edad media del centenar de marineros del pósito es de 40 años, solo hay diez que no superen la treintena.

«La gente escapa, ese es el gran problema. La sobreexplotación puede tener la mitad de la culpa pero, en la decadencia de todas las profesiones de los que vivimos de los recursos naturales hay otro tanto de culpa por la contaminación y los vertidos, no hay un plan de sostenibilidad viable» sostienen los marineros de la villa guardesa. «La situación es realmente caótica, no lo podemos decir más claro. Esto está muerto y está en juego la viabilidad de la lonja, de la cofradía y, con ella, la del principal activo del municipio», denuncia el patrón mayor, Francisco Pérez.

Fuente: La Voz De Galicia