De un lado al otro del tapiz

Lara Lorenzo fue en su día campeona gallega de rítmica y actualmente entrena a niñas de toda la comarca de O Val Miñor

Al frente de aquel proyecto estaba alguien que, conocedora del tapiz desde dentro, se pasaba entonces al otro lado. Era Lara Lorenzo Martínez, en su día campeona gallega de rítmica y licenciada en INEF. «Yo había dado clase de baloncesto, de natación, de multideporte… Lo que tocara. Y sin embargo nunca de rítmica, que era el deporte que yo había practicado», recuerda. Por eso cuando como monitora de un gimnasio le preguntaron si conocía a alguien que se pudiera encargar de las escuelas, no se lo pensó. Ella era la persona idónea.

Las escuelas municipales comenzaron bien, pero las obras del pabellón frenaron en seco aquel avance. Cuando lo retomaron dos años más tarde, fue con más fuerza. «Se decidió crear un club con unas quince niñas, algunas procedentes de las escuelas. Ahora tenemos más de 30 federadas», comenta orgullosa. A ella, además, se sumó también como entrenadora Alejandra López, jueza nacional de este deporte.

En cuanto a Lorenzo, hace también las veces de presidenta en un club que define como «una gran familia». «Las niñas ponen todo de su parte y los padres también están implicadísimos. Eso, unido a la compenetración entre Alejandra y yo, hace que la experiencia esté siendo muy positiva». Y se nota en los resultados, aunque no sea su prioridad. «No nos podemos comparar con equipos que llevan 25 o 30 años, pero si el primer curso siempre éramos últimas, ya vamos consiguiendo séptimos y sextos puestos entre diez», señala. Las primeras que notan la diferencia son las mamás. «Perciben que introducimos elementos complejos, que están igualadas con las demás y más centradas en el tapiz».

Evolución

Toda esa evolución es fruto de un trabajo muy intenso porque, se mire por donde se mire, la gimnasia es un deporte «duro y exigente», recuerda la entrenadora. «Son tres días a la semana y siempre hay niñas que prueban y lo dejan. Pero son mayoría aquellas a las que les gusta, vienen y se esfuerzan. Así es como se van viendo los progresos, sobre todo en cuanto a la flexibilidad». La mejora en las que llevan los tres años en el club la califica como «abismal».

Divididas en grupos por categorías desde prebenjamín a infantil -de cinco a doce años-, todas las gimnastas se ciñen prácticamente a la misma dinámica de entrenamientos. «El calentamiento es idéntico, exigiéndoles cada vez más a medida que suben de categoría. Trabajamos las piernas, el tronco, puentes, spagat, y luego montamos las coreografías a partir de giros, saltos y equilibrios», describe.

Más allá del pabellón

Pero todas esas figuras traspasan muchas veces el gimnasio del colegio Covaterreña o el pabellón municipal -lugares donde normalmente trabajan- y se van hasta el salón de sus casas. «Las madres cuentan que luego están todo el día que si piruetas, cogiéndose una pierna… No paran. Lo viven con mucha ilusión», dice. Y la gimnasia llega también a sus televisores. «Tenemos un grupo de WhatsApp y les aviso cuando van a retransmitir algún campeonato. En los últimos años el conjunto español ha vuelto a ganar medalla y además han sido las burbujas Freixenet. Todo eso ayuda mucho a que se interesen por este deporte», admite. Además, las exhibiciones -a veces aprovechando los intermedios de partidos de deporte con más tirón- y las jornadas de puertas abiertas son sus principales bazas a la hora de captar niñas.

Ahora tienen la suerte de contar con un grupo bien nutrido de gimnastas a las que este deporte ya les ha seducido. «Les gusta tanto que protestan poco. Hasta con lo duro que es el calentamiento. A veces preguntan si falta mucho, pero poco más». La recompensa viene luego en forma de mallas, maquillaje y competición. La hora de disfrutar.

Fuente: La Voz De Galicia