Cáritas viste a más de 3.000 personas

El ropero de María Auxiliadora presta servicio a Vigo y municipios del entorno

«Cada semana atendemos a una media de 120 personas, que recogen para toda la familia. Vienen de todo Vigo e incluso de otros municipios como Redondela, Nigrán y Gondomar, porque algunos roperos cerraron por falta de espacio», explica el coordinador, José Manuel Jardón Quelle. Es jubilado de PSA Peugeot Citroën y voluntario, como el resto de las personas que trabajan en las instalaciones. De los treinta que prestan servicio, solo cinco son hombres. El resto son mujeres, la mayoría de ellas abuelas que tienen que cuidar de los nietos durante las vacaciones escolares. Esta circunstancia obliga a cerrar el servicio en Semana Santa, Navidades y agosto.

Los voluntarios atienden en la calle María Auxiliadora, en un inmueble situado frente a la iglesia del mismo nombre, entre las 9.30 y las 12.30 horas de lunes a jueves. Poco antes de la apertura los más impacientes ya hacen cola a lo largo de la acera, pese a no existir problema con la entrega de ropa. La única dificultad puede estar en la talla, en caso de que la solicitada no sea de las más habituales. Es lo que le sucede a veces a las personas muy gruesas. Por el contrario, otras como la 38 y 40 de mujer tienen donde escoger.

Para ser usuario del ropero no hace falta más que enseñar el carné de identidad, lo que permite a los responsables cierto control sobre el solicitante. En caso de que las visitas se repitan con demasiada asiduidad, el ciudadano es invitado a volver en un margen de tiempo más amplio.

Entre los usuarios predomina la población extranjera y, en general, familias de muchos miembros. «Hoy vino una persona que cogió zapatos para siete hermanos. A otra la enviamos de vuelta porque repetía con demasiada frecuencia», apunta Jardón, quien añade que a las mujeres embarazadas se les hace una canastilla.

Lo más demandado en esta época del año son las cazadoras y prendas de abrigo. El invierno es la época en la que más se recoge y entrega. La mayor afluencia de donaciones suele tener lugar coincidiendo con el cambio de temporada, cuando se reorganizan los armarios.

«La gente da de todo, aunque a veces nos faltan sábanas y utensilios de cocina como ollas, vasos, tazas…», explica el coordinador.

Cuando los objetos que se donan son voluminosos, como neveras, lavadoras o camas, los voluntarios del ropero se limitan a hacer de intermediarios al no disponer de la infraestructura adecuada. Lo habitual es que vaya la persona interesada a recogerlo al lugar que le indique el donante.

Y es que en María Auxiliadora no solo hay ropa y zapatos para todas las edades, sino la mayoría de los objetos que se pueden necesitar en un hogar.

Cuando las prendas no sirven por estar sucias o en mal estado se trasladan a un almacén de Cáritas ubicado en Bouzas. Desde allí se envían al País Vasco, donde una empresa de inserción laboral de la misma organización religiosa se encarga de seleccionarla. Las que valen, se cosen o se lavan y las que no son utilizables se reciclan para farrapos u otros productos. Cada semana se envían al País Vasco dos o tres furgonetas desde el ropero de Vigo con lo que no sirve o está sucio. «En general, la ropa de mujer está más nueva porque se usa menos tiempo. Los hombres la ponemos más, por eso llega menos y en peores condiciones. Somos más ahorradores. Por ejemplo, hay menos pantalones de hombre que de mujer», detallaJosé Manuel Jardón.

A las actividades anteriores se suma el reparto de comida a medio centenar de familias el primer día de cada mes, que igualmente ha sido donada.

Paralizada la empresa de inserción a la espera del concurso de contenedores

El proyecto de Cáritas Diocesana de Tui-Vigo para crear una empresa de inserción laboral con ropa reciclada tendrá que esperar.

La iniciativa, que ya es una realidad en numerosas ciudades españolas, ha quedado aparcada a la espera de que el Concello de Vigo convoque un concurso público de contenedores específico para este material. La idea de Cáritas era concurrir al mismo y, en caso de ganarlo, colocar en torno a sesenta contenedores por distintas zonas de la ciudad.

De no ser así, no resultaría rentable y la organización religiosa no está dispuesta a perder dinero con las múltiples necesidades que atiende en la actualidad.

Tampoco puede colocar las unidades por su cuenta, a no ser que se instalen en espacios privados como hacen ciertas organizaciones que las ubican en gasolineras y otros recintos. Algunas de las iglesias del entorno rural se prestan para este objetivo, pero no se podría llevar a cabo en otras de la ciudad por estar bajo la protección de Patrimonio.

El proyecto requeriría una inversión de 300.000 euros y permitiría la contratación de diez o quince personas, al margen del voluntariado. La finalidad de este tipo de empresas es precisamente facilitar el acceso al empleo de colectivos desfavorecidos mediante una actividad productiva.

Cada vigués descarta al año dos kilos de ropa, lo que supone en torno a seiscientas toneladas anuales.

Fuente: La Voz De Galicia