Curando la morriña en la Vig-Bay

Carlos Rodríguez lleva cuatro años viajando desde Suiza con amigos para la cita atlética

Mañana, por cuarto año consecutivo, Carlos estará en la línea de salida de Samil junto a uno de esos amigos. «El primer año vino un amigo libanés, Chadi, que también viene este año, y otro francosuizo; el segundo año volvió Chadi, mi hermano y un grupo de amigos que solo vinieron para la fiesta -cuenta entre risas- y el año pasado vinimos mi hermano y yo», enumera el atleta, para el que la Vig-Bay se ha convertido en una parada obligada. «Cada año venimos los que estamos preparados físicamente y, sobre todo, a los que nos lo permite el trabajo».

Cuando Carlos Rodríguez hace repaso de su experiencia en la media maratón, admite que el primer año les pilló con el pie cambiado. «Sufrimos bastante porque, aunque todos somos deportistas, era la primera media maratón que corríamos y los días previos todo había sido comer y beber con la familia». Pero aquella primera experiencia les dejó buen sabor de boca y repitieron. «Ahora ya tenemos más controlado el tema de las cenas que nos esperan estos días», se ríe. Prueba de ello es el tiempo de 1 hora y 36 minutos que empleó el año pasado para recorrer los 21 kilómetros que unen Vigo y Baiona. Un crono más que digno para un amante del deporte que tiene los paisaje suizos como territorio de entrenamiento.

«Empezamos a correr hace cuatro o cinco años y allí nos entrenamos por las montañas. Yo me eché a correr trails y tuve la suerte de ir al de la isla de La Reunión y participar en del Mont Blanc». Acostumbrados a entrenar bajo un clima severo, Carlos bromea al contar que el domingo, cuya previsión está marcada por la lluvia y el viento, se encontrará como en casa.

En su cuarta participación, y la tercera para su amigo Chadi, el objetivo deportivo será «pasarlo bien y que todos lleguemos al final de la carrera». Luego ya habrá tiempo para disfrutar de la compañía de la familia. La agenda marca que, para reponer fuerzas, tras consumir los 21 kilómetros de distancia se reunirá con una treintena de amigos y familiares para comer. Para Carlos la Vig-Bay se ha convertido en la excusa perfecta hacer patria y curar la morriña.

«Les hablé de la carrera a mis amigos y fue el pretexto para traerles y que disfrutasen de Galicia»

Atleta aficionado

Fuente: La Voz De Galicia