El principal compositor de Hollywood acoge a un joven pianista de Nigrán

Aaron Sibert-Sio logra una beca para trabajar en el estudio de Hans Zimmer

Mientras estudiaba el último año del grado de Piano en el Conservatorio Profesional de Vigo ya mostró su inclinación por el mundo de la composición para películas, sector en el que ya había debutado colaborando en producciones de España y Reino Unido y con organizaciones internacionales como Unicef. Hace un año consiguió estudiar con Octavio Vázquez en Nueva York y ahora se va a Los Ángeles, a la meca del cine. La trayectoria que le valió la extraordinaria beca para cruzar el charco, su trabajo a lo largo de este año y una entrevista que superó con nota le han abierto las puertas de Remote Control Productions. Se trata de la productora más importante de bandas sonoras de Hollywood. Está dirigida por Hans Zimmer, ganador de un Óscar por El Rey León y nominado en otras siete ocasiones. De estos estudios han salido las bandas sonoras de grandes películas como Piratas del Caribe, Iron Man, Gladiator, Sherlock Holmes, Transformes, Interstellar o la última de Batman.

 

 

 

 

 

 

 

«Estaré involucrado en el proceso de creación y producción de la música de los proyectos en los que estén trabajando sus compositores durante seis semanas de mayo y junio», explicaba ayer Aaron desde Rochester.

Su entusiasmo es mayúsculo. «Desde que me planteé la idea de ser compositor de música para cine, con apenas 13 años, empecé a seguir a Hans Zimmer, el director de este estudio, de manera casi obsesiva. Su música y la de James Newton Howard y otros compositores que trabajan en esta misma compañía fueron gran parte del fundamento de mi motivación en esta etapa de mi vida», recuerda. Hubo quienes quisieron poner cortapisas entonces a sus sueños. «En España, lo que más escuchaba en el instituto de la mano de profesores y alumnos era que me iba a morir de hambre si perseguía esta idea de convertirme en músico, o que iba a desperdiciar mi inteligencia; quizás por el momento que me tocó vivir, me asfixiaba una cierta estrechez mental omnipresente», apunta.

Pero Aaron siguió componiendo su vida y, aunque la perspectiva haya cambiado con la edad, comienza a completar su obra maestra. Ahora se incorpora como becario en la plantilla de al estudio del maestro alemán en Santa Mónica a través de un internship, vocablo con el que se designa este tipo de programas de prácticas internacionales. «Se trata de una oportunidad impagable y soy consciente de lo afortunado que soy. Pienso en quienes me ayudaron a llegar a Estados Unidos la primavera pasada, en mis amigos, en los profesores que me empujaron hacia adelante, y en mis padres, y no tengo palabras para describir mi agradecimiento», destaca el joven.

 

Sobre el camino andado hasta ahora, sostiene que «si he aprendido algo es el valor que tiene el mantener una mente abierta en combinación con un buen fondo emocional. Estados Unidos te da uno y España te da otro. No juzgar y ser consciente de la relatividad de todo en la vida es una de las cosas más valiosas que he aprendido».

Fuente: La Voz De Galicia