Oia se blinda contra los incendios con un parque forestal de 50 hectáreas

Esta vez se ha librado de la oleada de incendios, pero el monte de la parroquia de Santa María de Oia no deja de ser un polvorín. Las llamas lo devoraron en el anterior desastre de 2006 y por aquel entonces fue declarado zona de alto riesgo por parte de la Xunta. Ha llegado el momento de actuar para evitar nuevas tragedias y la comunidad de montes diseña ambicioso proyecto de parque forestal en colaboración con el Concello oiense. Ocupará una franja de protección que afecta a 50 de sus 485 hectáreas, las que rodean los espacios más urbanos del municipios, los barrios de A Riña y Chavella, que quedarán blindados contra la propagación del fuego con un cinturón de especies frondosas autóctonas. La Diputación subvenciona con 13.500 euros la redacción del plan.

La defensa del territorio contra los incendios es un quebradero de cabeza para los comuneros desde hace quince años, según explican su presidente y tesorero, José Antonio Rodríguez y Javier Costas Goberna. La entidad ya había iniciado entonces, por fases, la barrera de árboles autóctonos en torno a las viviendas que el parque forestal completará. Habían realizado además varias retiradas de especies invasoras que el proyecto acabará por erradicar, como el eucalipto y la acacia, que se ha convertido en toda una plaga en la zona.

El futuro parque forestal no solo se centrará en las masas arbóreas, sino que incluirá un conjunto de medidas de conservación medioambiental, cultural y paisajística para completar la labor de la comunidad y aportar un plus de atractivo turístico. Creará una red de miradores hacia el monasterio y el Atlántico y plantea la prospección de los yacimientos arqueológicos en una zona rica en elementos patrimoniales como los ya recuperados castro de Chavella, los petroglifos de A Pedreira o la mámoa de Valdarca. Propone rehabilitar además la vía empedrada medieval que comunicaba el cenobio cisterciense de la parroquia, el único de europa junto al mar, con las cimas de la Serra da Groba, donde existen indicios de que los monjes criaban caballos en libertad ya en su época.

Fuente: Faro De Vigo