Castilla olvida al Conde de Gondomar

El Museo Nacional de la Escultura de Valladolid impidió el pasado fin de semana a una expedición de vecinos de Gondomar, con su alcalde, Francisco Ferreira, bajar a la cripta donde reposa la momia del primer Conde de Gondomar, Don Diego Sarmiento de Acuña, en la antigua iglesia de San Benito viejo, anexa a la que fue su casa y donde se encuentra desde 1991, cuando fue trasladado con todos los honores desde la iglesia de San Martín.

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La cripta de Don Diego Sarmiento de Acuña (1567 -1626), el primer Conde de Gondomar, pudo ser visitada desde 1991 a 2009, año en que la iglesia de San Benito viejo fue convertida en parte del Museo Nacional de Escultura, que ocupa la Casa del Sol, que durante años fuera vivienda oficial del Conde.

Las gestiones que el alcalde de Gondomar, Francisco Ferreira, encomendó no dieron su fruto y finalmente una expedición de vecinas y vecinos de Gondomar no pudieron visitar la cripta donde "se supone" que se encuentran los restos del Conde momificados. De hecho, el actual Conde decidió no acudir a la visita al saber que no se podía visitar a su antepasado.

Pero además de que la cripta aparezca tapiada, Valladolid y toda Castilla inició un proceso involuntario de olvido de este personaje ilustre de su historia, eclipsado, quizás, por la importancia de los nobles que pasaron por allí, una ciudad en la que nació el Rey Felipe II. Esta es una de las denuncias de Teófanes Egido, profesor universitario, sacerdote y cronista de Valladolid.

"El Conde de Gondomar es sin duda un personaje histórico de gran relevancia para España y ha sido condenado al olvido, fue traslado a su lugar de reposo, el que debió ser siempre, para dignificarle pero ahora ocurre todo lo contrario", asegura.

Para ser recordado, este noble y diplomático español, caballero de la orden de Calatrava, y embajador de España en Inglaterra entre 1613 y 1622, colecciona méritos, una gran mayoría positivos.

Destaca Francisco Ferreira, que se confiesa un apasionado del Conde de Gondomar, que en 1583, Felipe II le encomendó el mando militar de la frontera portuguesa y la costa gallega, durante la Guerra anglo-española de 1585-1604 repelió una incursión inglesa y tomó parte en la exitosa defensa de A Coruña contra la flota del pirata Sir Francis Drake y la "Armada Inglesa" de 1589.

También fue embajador en Londres desde 1613 donde la excelencia de su latín impresionó gratamente al rey Jacobo, sobre el que siempre tendría gran ascendente. Halagó sus gustos intelectuales y literarios, y explotó su pacifismo en favor de los intereses de España. En este sentido, se dice que manejó con maestría la proyectada boda entre el Príncipe de Gales y la infanta María Ana, la llamada "Boda española".

n Fuente: Faro De Vigo