La feria de Sabarís regresa a sus orígenes

Seres imaginarios, magos, acróbatas, malabaristas, bufones, artesanos de todos los oficios y taberneros recibieron ayer en Sabarís a miles de vecinos y visitantes en la tercera edición del Mercado Antigo que festeja los siglos de historia de la tradicional feria de los lunes.

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Ni era lunes, ni tampoco verano, pero Sabarís vivió ayer un auténtico arranque de semana de agosto, con una feria hasta la bandera. Miles de personas llenaron la plaza Victoria Cadaval y su entorno para disfrutar del III Mercado Antigo, un evento que se consolida como cita festiva primaveral para recordar que el mercadillo semanal del barrio baionés es uno de los más longevos de Galicia y que algunos ya se empeñan en denominar "la Arribada estival".

Y es que, aunque el asentamiento de mercaderes en Sabarís no tenga nada que ver con la llegada de la carabela "La Pinta" con la noticia del Descubrimiento de América, su historia sí podría guardar alguna relación. Según investigadores locales como la directora del Arquivo Histórico y la Biblioteca Municipal, Cristina Vilar, la Carta Puebla que los Reyes Católicos concedieron a Baiona cinco años después del desembarco de Pinzón, en 1497, no solo concentraba la población en la fortaleza de Monterreal, sino que también establecía allí un "mercado de mantenimientos de pan y vino", pero vecinos y feriantes preferían ya entonces ejercer la actividad comercial extramuros, especialmente en Sabarís. Sin embargo, la primera constancia documental de la feria de los lunes tiene fecha de 1736 y la autorización oficial de la venta ambulante en la zona llegó en 1838, según apunta el historiador Anxo Rodríguez Lemos.

Lo que está claro es que la historia del mercadillo es larga y así lo dejaron claro los espectáculos de época organizados por el Concello para la jornada, que arrancó con disparos de salvas, talleres infantiles con dragones, catapultas y reyes y un sinfín de puestos de gastronomía y artesanía.

Personajes del imaginario medieval recorrieron las calles, amenizadas con música tradicional y danza. Los más pequeños tuvieron la oportunidad de practicar las artes del circo y el público de todas las edades gozó de asombrosos espectáculos de magia y de fuego, mientras que los choripanes y churrascadas no daban tregua a las humeantes parrillas.

n Fuente: Faro De Vigo