Más de 30 voluntarios «peinan» la playa de A Madorra en Nigrán

Más de una treintena de voluntarios compuestos por familiares y trabajadores de la empresa Borgwagner llevaron a cabo en la mañana de ayer una jornada de limpieza en las playas de A Madorra y de Abra en Nigrán, y las conclusiones obtenidas fueron claras. «La variedad de residuos retirados fue considerable y de lo más variada, incluso hemos encontrado bolsas de basura escondidas y restos semienterrados en la arena», afirmó Nieves Pérez perteneciente al departamento de recursos humanos de la compañía y una de las artífices de la iniciativa celebrada. Latas metálicas, azulejos, ladrillos, una portería de juguete o basura procedente de las mareas marinas fueron algunos de los elementos resultantes tras la limpieza e incluso encontraron una jeringuilla entre los restos, que posteriormente fueron pesados y clasificados. «La verdad que a simple vista no se apreciaban tantos desperdicios y en algo menos de dos horas sacamos bastantes bolsas, ahora se puede decir que la playa está limpia», añadió.
nPérez explicó que desde la empresa promueven diversas actuaciones de corte medioambiental, aunque la celebrada ayer en el arenal nigranés se realizó con un objetivo claro, que no es otro que el de concienciar  acerca de la importancia que tiene el cuidado del entorno, sobre todo desde edades tempranas. Por ello además de la limpieza a pie de playa como tal contaron con la participación de la Coordinadora para el estudio de los mamíferos marinos, CEMMA, que celebró una actividad didáctica sobre varamientos de cetáceos, tortugas y lobos de mar. 
nUna finalizada la intervención del CEMMA el voluntariado se dirigió al arenal contiguo a Patos, conocido como playa de Abra y en donde todos los sábados se celebra un mercado tradicional. Pérez explico que en este tipo de contextos es muy normal que una cantidad considerable de plásticos acaben en la playa una vez finalizada la feria. «En una excursión que hicimos a Ribeira, en donde celebran un mercadillo semanal a pie de puerto y comprobamos como el viento se los llevaba derechitos al agua. Hay que tener en cuenta que al final nos los acabamos comiendo y bebiendo y que es algo muy perjudicial para el ecosistema así como para todos nosotros», afirmó.

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colaboración del CEMMA
n Fuente: Atlántico